miércoles, 25 de enero de 2017

Sonó el teléfono

Autor: Antonio Méndez Vargas

Sonó el teléfono; amanecía. Contestó a la llamada y su corazón acelerado le impedía realizar movimientos certeros que pusieran en orden su cabeza. El padre de aquel muchacho había entrado en fase terminal. La voz de aquel teléfono, sosegada, educada, pero determinante, le invitaba a acudir a la unidad de vigilancia intensiva, para acompañar al enfermo en su momento más sublime. Intranquilo por la distancia que los separaba y absorto durante el camino, repetía incansablemente las tan conocidas palabras de Teresa de Jesús:

"Nada te turbe, nada te espante, todo pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, a quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta."

Deseaba estar al lado de aquel hombre que tanto había sacrificado en su vida, como lo había estado siempre desde que era pequeño.

Pablo Neruda decía:

"Tiene mi corazón un llanto de princesa, olvidada en el fondo de un palacio desierto".

Entró en aquella habitación y acercándose sin protocolo alguno, lo besó. Susurrándole al oído palabras cariñosas, entrecortadas, por la lucha que su garganta mantenía con su mente, observaba que el tiempo apremiaba y que se despedía como el elegante apagar de una vela.

Pero una profunda paz fue invadiendo su alma. Había comenzado a tocar, a acariciar, incluso a fijar su mirada en ella; la muerte hacia su entrada en aquella estancia. Aquel joven anhelaba registrar todo el proceso de una vida en tan solo unos escasos minutos como queriéndole ofrecer, en una bandeja, todo lo que aquel moribundo, había logrado alcanzar. No pudo.

Pero una profunda paz invadió su alma.

Los ritmos cardíacos que se anunciaban en aquella maquina, fueron siendo sustituidos por un sonido constante, eterno, que avisaba el desenlace.

En aquella preciosa mañana de julio, la muerte acompañaba a aquel joven al rezo del ángelus, que como fragancia preciosísima, inundó el habitáculo con su oración, haciendo que su padre le regalara un último obsequio. En palabras de Roberto Hernan:

Pediré a las nubes tres deseos y
haré con ellos una estrella, le pondré tu nombre a mis versos,
y tu carita de luna llena, será la brillante estrella que alumbre en mi firmamento,
y para no olvidarte nunca, ni siquiera un momento."

Y  una profunda paz invadió su alma.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Sueños y realidades

Autora: Pilar Sanjuán Nájera

Hacía tan solo siete meses que Andrea se había casado y se dio cuenta de que su matrimonio hacía agua por todas partes. Eso no es lo que esperaba de su nueva vida. Empezó a notar que algo iba mal porque ella daba mucho pero solo recibía frialdad  e indiferencia. 

Inconscientemente, también percibía las grandes lagunas de su estado actual. Lo veía en sus sueños. Andrea soñaba mucho y aquellos maravillosos sueños en color, que cuando estaba soltera le alegraban la vida se habían esfumado.. cuando esto sucedió, aún le quedaban los sueños de volar que eran reconfortantes y bastante frecuentes; sin embargo, últimamente habían sufrido una transformación que le preocupaba porque decían bien a las claras que algo no funcionaba bien en su vida de pareja. Estos sueños de volar, cunado los tenía antes de casarse hacían que se sintiera libre por el espacio; volaba en todas direcciones, como los pájaros. La sensación de ingravidez la llenaba de gozo. sentirse dueña de toda aquella inmensidad, de recorrerla sin limitaciones le hacía despertar llena de optimismo. Ahora era distinto. La primera decepción la tuvo cuando, de pronto, mientras volaba, tropezó con una especie  de campana invisible, como si fuera de cristal que le impedía salir al espacio; probó a escapar en todas direcciones, pero se encontraba con aquella campana que le coartaba la ansiada libertad. Creyó que esta sensación sería pasajera pero no fue así. Sucedía cada vez que soñaba con vuelos. Esta situación le producía angustia y despertaba llena de tristeza; era una tristeza como pegajosa, de la que no podía desprenderse.

Sus sueños en color se habían vuelto grises como su vida. Su afán de volar buscando libertad era solo un simulacro. Empezó a sentirse tan agobiada, tan falta de ilusión, que creyó estar en un callejón sin salida. Sin embargo, algo allí en lo hondo le decía que encontraría la manera de salir y a esa esperanza se aferraba.

lunes, 31 de octubre de 2016

Murió sin avisarme

Autora: Carmen Sánchez


No lo pude evitar y murió sin avisarme. Quizás estaba demasiado distraída y no presté atención a las señales que mostraba o, simplemente, su cuerpo se paró y se negó a seguir luchando, incapaz de tanto esfuerzo.
Me ha abandonado cuando más lo necesitaba, me ha dejado sola y aislada frente a este mundo vertiginoso, que me arrastra y me supera.
¿Cómo avisaré a los amigos? ¿Cómo lo comunicaré a los que no son amigos, per lo deben saber? Estoy perdida en este caos, que supone su ausencia. Las personas queridas, ya lo saben t su calor me anima a seguir adelante. Seré fuerte. Iré a una tienda y compraré otro móvil.
 

domingo, 30 de octubre de 2016

Una atracción irrefrenable

Autor: Antonio Cobos


¡No lo pude evitar! ¡ Y me sentí tan mal al hacerlo, que los sentimientos de culpabilidad, adormecidos durante meses, me invadieron y me convirtieron en un ser despreciable ante mi mismo. Estuve toda la tarde dándole vueltas en mi cabeza, intentando evadirme de ese sino, que parecía ineludible. Pero, fue algo superior a mi voluntad y a mi razón. No pude decir que no. Mi comportamiento fue el de una marioneta sometida a una voluntad externa, o el de un zombi de conducta involuntaria afectado por unas leyes incomprensibles para un ser humano sensato y racional. Además, el hecho de ocurrir a media noche, cuando todos dormían y nadie podía observarme, añadió morbosidad al delito. Caminé a oscuras hasta mi destino, puse mi mano en el pomo de la puerta y la abrí con suavidad, sin el más leve ruido. Sabía donde estaba y alargué los dedos hasta llegar a tocarlo, y con una sonrisa involuntaria de satisfacción, lo aprisioné como pude, lo abrí, cogí un trozo y lo deposité en la boca para deshacerlo lentamente con la lengua. ¡No me martirices más, conciencia!. ¡Ya sé que no me hace bien el chocolate y que tengo descontrolada  la diabetes!
 

miércoles, 26 de octubre de 2016

Decisión

Autora: Pilar Sanjuán

No lo pude evitar. Cuando sus ojos me miraron, sentí que mi ánimo desfallecía. Noté una conmoción en todo mi ser. Una alteración en mis sentidos. Era como flotar.
Me dio miedo sucumbir a ese encantamiento, pero mi voluntad estaba perturbada. Eran unos ojos profundos, una mirada honda que me atravesaba como si yo fuera de cristal. Si seguía mirándome así, no me quedarían fuerzas para resistirme. Él se acercó sin dejar de mirarme. Cuando estuvo junto a mí alargó su mano buscando la mía. Yo, como una autómata, se la di y lo seguí colgada de aquella mirada, sin poder evitarlo.