jueves, 22 de enero de 2015

En la noche

Autora: Amalia Conde

La noche es muy justiciera porque desde que se pone el sol ya estás haciendo cuentas: Que son las “tantas” y el marido no ha llegado, y lo mismo con los hijos... tú quisieras que desde que le ponen una cortina negra al Sol tus hijos y tu marido ya estuvieran en casa, como si la noche se dedicara a robar personas, cuando para lo malo, igual que para lo bueno, la noche es como el día, y lo que tenemos que tener en cuenta es con quién está cada cual. 

La noche para muchas cosas es muy socorrida, por ejemplo, si tienes un novio del que estás muy enamorada pero tus padres no lo quieren, por el motivo que sea, pues esperas a que llegue la noche, te escapas de casa para verte con él donde sabes te espera, y bajo la oscuridad os contáis vuestras penas y alegrías. Y si estáis en la playa, donde las estrellas por la noche crecen el doble de lo normal, parecerá que estéis en el Paraíso y hasta se os olvidará que vuestros padres no están de acuerdo con vuestros amoríos.  
      
Creo que a muchas personas les ha pasado lo de tener un mueble o alguna otra cosa que ya no sirve para nada más que para estorbar. En mi casa era una mecedora que la pusieras en donde fuera estaba estorbando, pero no la podíamos tirar porque a mi abuela le podía dar un ataque. 

Una noche, después de acostarse mi abuela, mi hermano y yo, pensando que la noche nos ocultaba, pusimos la mecedora en la puerta de la calle, junto a la basura.  

Cuando mi abuela se despertó a media noche formó tal llantera al no encontrar su hamaca que tuvimos que ir de nuevo a traérsela… De nada sirvió esperar la noche, velar, ocultarnos del Alba.  

Noche de sombras

Autor: Antonio Pérez

Se vio envuelto en una profunda noche serena, cálida a la luz de la hoguera. Arrecostado se durmió en el saco de dormir, esponjoso de color rojo y nylon.

Levantándose rápido y en alerta vislumbró sombras tras arbustos y troncos, que giraban alrededor de él muy rápido. Cogió su escopeta y empezó a disparar a diestro y siniestro. No siendo efectivo cogió su cuchillo  de 20 cms y una antorcha y se abalanzó audaz hacia el perímetro marcado por las sombras. De repente despertó de esa horrible pesadilla.

Siendo casi las siete amaneciendo en el horizonte, empezó a recoger sus bártulos y apagando los rescoldos prosiguió su marcha hacia el punto planteado, dónde tenía conocimiento de que  pudiera haber gamos por esa zona para cazar.

Rosh Stinson era un buen cazador, se dedicaba única y exclusivamente a la venta de carne de caza y pieles. Era originario de Oklahoma, aunque desde hacía tiempo antes de enviudar, se trasladó a una pequeña granja del condado de Lane en Kansas. Situado en Dighton.

Ahora que estaba solo, paraba poco por la granja la cual la tenía bastante abandonada. Dejó de trabajarla y a dedicarse enteramente a la caza a la muerte de su esposa, es su refugio.

Desde hacía algún tiempo, era perseguido por los agentes forestales y la guardia estatal, ya que cazaba fuera de Veda y algunas veces hasta especies protegidas y prohibidas en peligro de extinción. Toda esta presión lo tenía trastornado, cada vez peor, huraño, fugitivo y desquiciado. Desde hacía un tiempo no podía dormir sin tener una y otra vez la misma pesadilla.

Llegando al punto encontró ciervos de cola blanca.Situándose con cuidado en la cima de un risco, a contraviento de los animales, disparó consiguiendo derribar dos piezas un macho joven una hembra de bastante edad. Ambos eran buenos trofeos, se veían sanos y con bastante carne.Dirigiéndose al lugar con sus dos caballos montó ambos cuerpos encima de estos con un ingenioso invento creado por él, el cuál se trataba de una especie de tumbona colgando entre los dos animales, atada a ambos en sus cuerpos y con una especie de estructura de yugo, que los mantenía siempre a la misma distancia uno del otro. Era un poco aparatoso, porque con este sistema era difícil acceder a terreno abrupto, que tenía que sacar las piezas él solo, aunque ya su ingenio intentaba acertar al individuo donde fuera fácil atraparlo.

Se dirigió a su cabaña cerca del lago Spavinaw Lake en Oklahoma. Desde allí escondido en una cabaña familiar vivía y sacaba provecho de su afición.

El camino arduo se hizo largo, llegando a casa tarde casi las ocho de la noche. El cuál reventado, se dispuso a guardar sus monturas, proporcionarle trigo y agua, tomar el un bocado y acostarse. Mañana despiezaría las piezas.

Se dispuso rápidamente a levantarse en alerta con la escopeta en mano, y a vislumbrar sombras rodeándolo a través de árboles y arbustos. De nuevo se dirigió a las sombras con valentía con la antorcha y el cuchillo. De repente una especie de hombre vestido de ciervo, o un ciervo con apariencia de hombre, o un híbrido le habló.

“ Yo soy Hircine, Dios cazador y las bestias. Tú, por tus pecados te condeno a morir  y que tu alma sea mi presa durante toda la eternidad siendo cazado una y otra vez.”

De repente se despertó, cogió su rifle pero sin apenas tiempo de un zarpazo le fue derribada el arma.

Un oso negro enorme vino a la cabaña atraído por las piezas cazadas y derribando la puerta, entró enérgico dentro de la cabaña mordiendo una de las piezas cuando de repente se despertó Rosh y la osa teniendo sus cachorros cerca no dudó en abanlanzarse contra el cazador derribándolo de un manotazo y desangrándolo de un mordisco en la zona esternal.

El cadáver lo encontraron un par de  días después agentes forestales de la zona, que llegando a la choza vislumbraron todo el desastre provocado.

En su mesita de noche, un libro que tenía por título, “Cuando la noche cae, las sombras acechan”.

martes, 13 de enero de 2015

El mar

Autora: María Gutiérrez

El mar es como la amistad, se ve el principio pero no el final. Nos abraza de norte a sur y  de este a oeste. Tiene día y noche, calma y bravura, brisa y tempestad, agresividad y acogimiento…

Los pescadores lo saben muy bien que a diario salen a la mar para ganarse el pan a bordo de sus embarcaciones exponiéndose a muchas calamidades para conseguir una buena jornada de pesca desafiando incluso las inclemencias del mal tiempo.

Otras veces emprenden una aventura que puede durar meses e incluso años viéndose obligados a estar alejados de la familia y de su tierra. Es de verdad de los trabajos más duros y arriesgados el encontrarse en alta mar pescando, teniendo que vencer tempestades y temperaturas extremas, zarpando de puerto en puerto. También van con la ilusión de encontrar alguna sirenita que les ayude a alegrar un poco sus vidas…

Desde los tiempos más remotos el mar ha impuesto temor y atracción, pero el espíritu aventurero del hombre fue venciendo todos los obstáculos posibles, no faltando nunca navegantes dispuestos a conquistar otros mundos a través del mar como Cristóbal Colón, Juan Sebastián Elcano, Magallanes…

El mar tiene su patrona la Virgen del Carmen, siendo para los pescadores su más fiel protectora llamándola ´La estrella de los mares´. En la época estival hay infinidad de personas que les encanta pasar las vacaciones junto al mar. Todo depende del bolsillo de cada uno. Hay quién elige hacer un crucero con la ventaja que pueden conocer distintas ciudades en un solo viaje. Otros, los menos disponen de yate para disfrutar a lo grande del mar…

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Romance con el mar

Autora: Rafaela Castro


Mar inmenso, al llegar a su orilla yo me sumerjo,

sus olas y gaviotas son como un velo

que envuelve mi alma y todo mi ser,

y lo más profundo yo quiero ver

Convertirme en sirena,

seguir allí,

Esconderme en sus algas,

pensar en ti.

Soñar que me rescatas

y que me quieres,

volver a lo real,

vivir las mieles,

amarnos siempre hasta el final.

 

jueves, 18 de diciembre de 2014

Reencuentro con el mar

Autora: Carmen Sánchez

El viento aireó su cara frente al mar y sacudió su mente, aletargada durante mucho tiempo. Los recuerdos felices, tan lejanos, volvieron a su memoria y sin darse cuenta apretó la mano del niño contra la suya.
Había olvidado cuando fue la última vez que se sintió a salvo, y ahora notaba como la inmensidad del mar los protegía. La luz intensa de la mañana, penetraba por su piel y caldeaba su alma, consiguiendo dibujar casi una sonrisa en su rostro pálido. Como si un halo mágico los envolviera.
Cogidos de la mano, madre e hijo, caminan sin prisa por la arena húmeda, dejando tras ellos un rastro de pisadas, todavía débiles, pero decididas.
Así, de lejos, no se aprecia el temblor imperceptible de la silueta materna, tampoco la mirada huidiza. Si no los miras con atención, no descubrirás el gesto de dolor que se refleja en el rostro femenino, ante determinados movimientos, cada vez que el pequeño le tira del brazo sin darse cuenta. Es otra secuela más, de la última vez,  cuando protegió su vida,  resguardándose tras el brazo del golpe mortal. Fue la última vez, cuando tras abandonarse a la muerte, el llanto desgarrado del niño la ató a la vida y la ira del hombre sólo consiguió huesos rotos.
Si los miras detenidamente verás, que una llama de  esperanza asoma a sus ojos tristes. El niño se suelta de la mano, y empieza a correr tras una gaviota. La madre lo sigue, van camino de casa, la casa de acogida