Las nueces del cortijo han evocado
recuerdos de mi infancia, tan lejana:
un nogal, que en el huerto de mi abuelo
Siendo mi abuelo niño, el nogal ya era adulto
y creció más y más, y se adueñó del huerto;
su copa, inabarcable, se pobló con los nidos
de multitud de pájaros que buscaban cobijo.
Bajo su sombra fresca estudiaba mi madres;
leyó, bajo su sombra, libros de gran belleza;
ella nos inculcó el amor a los árboles
y el respeto hacia todo lo que es naturaleza.
En el huerto no había otro árbol más frondoso;
su altura destacaba entre los avellanos;
alrededor del troco, jugábamos al corro,
mis amigas y yo en tardes de verano.
Hace ya mucho tiempo que no voy a mi pueblo.
¿Qué habrá sido entre tanto, del nogal centenario?
El tiempo, inexorable, quizás lo haya vencido
y sólo queda de él , en mi mente el recuerdo.
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