sábado, 11 de mayo de 2013

Olvido

Autor: Antonio Pérez


    Tengo un candado en mi mente encadenado, algo me impide desencadenarlo. Abrir el candado, dejar escapar el pasado. Como caja de pandora niña dolorosa, clavada a pegatinas en mi piel. Una mancha de aceite en agua, eres como una china africana, mi perdición sin olvidarte. Ni quemando tus recuerdos, consigo olvidarte. Víbora con escote y tacón.

     Haré lo necesario para olvidarte aunque me toque reinventar mil y una formas de volverme a equivocar. Olvidarte es más difícil que encontrar el sol de noche. Olvidar es recordar que el olvido no se olvida si solo busco acordarme. Olvidar es difícil cuando has olvidado olvidar.

     Olvidarte me confunde, que de tanto olvidar, que de tanto que lo intento me acuerdo mucho más. Olvidar mil y unas cosas, pero por asociación a ti volverlas a recordar.

      Es difícil olvidarte si para olvidar debo tener algo recordado y por ende olvidado y vuelto a recordar.

      Maldito olvido recordado, despechado, quien será el antagonista o protagonista siendo siameses.


Sentimiento inocuo y rebelde,
grabado a fuego en esta mente.
Desesperado por no importarte,
sentimiento ruin y convaleciente.

Alma mía infamada por tu amor,
indoloro traumático corazón,
despiadado conmigo es tu adiós,
yo sepultado y tú en el Edén.

Trampa espinosa como sangrante,
mujer de veneno, mujer de puñal.
Intoxicado moribundo por ti.

 He olvidado por no olvidarte,
he llorado por no desconsolarme.
Reí imitando una sonrisa.

miércoles, 8 de mayo de 2013

El olvido

Autor: Antonio Cobos


     Cuando Juan fue consciente de que estaba olvidando el nombre de las cosas más cercanas tuvo miedo. Para paliar el problema, colocó carteles nominativos a todos los objetos que le rodeaban. Así, en su casa, que era el ámbito vital en que se desenvolvía, todo tenía puesto su nombre con una letra primorosa y cuidada. “Cuadro” junto al cuadro, “pared” en la pared, “mesa” sobre la mesa… Su remedio le llevó a una inmensa acumulación de cartelitos. De nada sirvió el esfuerzo cuando olvidó leer.


martes, 30 de abril de 2013

Los celos

Autora: María Gutiérrez


          Marcos y Laura eran la pareja perfecta, lo compartían casi todo, tenían los mismos sueños, deseaban conseguir las mismas cosas y llevar a cabo su proyecto uniéndose en matrimonio. Se habían casado muy enamorados, y desde el principio compartieron economía, tareas domésticas, diversiones, deportes viajes, etc…

          El tema de los hijos no entraba de momento en sus planes, porque según ellos, tenían que disfrutar de la vida, se consideraban aún muy jóvenes y ya tendrían tiempo de que llegaran más tarde. Con el paso de los años, llegaron los hijos Paloma, Daniel y Celia, los cuales crecieron en un ambiente lleno de alegría, risas, juegos, besos y abrazos. Era habitual escuchar a Laura comentar que eran muy felices viendo crecer a sus hijos.

       Marcos había sido hasta ahora el amor de mi vida, lo amaba con locura, teníamos una sintonía envidiable pero poco a poco todo fue cambiando. Comenzó a ver las cosas desde otra óptica, los celos salieron a flote y todo cambió de la noche a la mañana, no soportaba que estuviera más pendiente de los niños que de él.

          Al principio me alagaba que deseara tanto estar conmigo, pero poco a poco me fui cansando de esta aptitud y acabábamos en fuertes peleas. La situación fue a más y a más, acabando como el rosario de la Aurora, cada uno por su lado por culpa de los malditos celos. Sufrí muchísimo, para mí lo había sido todo, mi noche y mi día, mi gran amor de juventud. No dejaba de preguntarme, ¿por qué me había tenido que tocar a mí un marido celoso, siendo todo solo producto de su imaginación?

martes, 23 de abril de 2013

Celos

Autora: Amalia Conde


“Los celos no nacen del amor: de hecho ya están en la persona celosa antes de enamorarse, ya están antes de conocer a quien va a enamorarle. Cuando decimos que alguien es celoso es porque lo es así y de siempre, por mucho que después se convenza de que sus celos se los trae el otro, por mucho que se empeñe en culpar a otros de su sufrimiento.
Los celos nacen del temor: la persona celosa teme tanto o más que ama. Teme perderle, a que se vaya con.., a que prefiera a…. Sin embargo siempre dice que se pone celoso porque le quiere, que se pone así porque le importa.
Le quiere, sí pero ¿le quiere QUÉ?, le quiere poseer, le quiere para sí, reasegurada, incondicional, disponible siempre, aunque no siempre le quiera cerca. Le quiere, seguro, y mucho, sI, dice,… Entonces ¿a qué tanta desconfianza? ¿a qué tanto control? ¿a qué tanta propiedad? ¿a qué tanta bronca? Se diría que la persona celosa está segura de su amor pero critica el de la pareja, recela y acaba desconfiando de ella. Los celosos no dudan de su amor hacia..., pero no dejan de dudar del amor de..., dan por supuesto que aman mucho más y mejor que son amados, y eso parece que les da derecho a exigir, y a castigar. La persona celosa siempre se considera a sí misma fiel, leal, sin dudas ni tentaciones y, sin embargo para ella, la pareja ronda la traición, flirtea con la infidelidad, le hace daño. Por su propia inseguridad sufre, por su desamor pasado, o por los amores que defraudaron, acusa. En definitiva no puede disfrutar del amor que se le ofrece.”

 Itziar Cantera,  Si soy celoso es porque temo más que amo.


El primer crimen que se cometió en el mundo a consecuencia de los celos fue entre hermanos. ¿Quién no recuerda a Caín y Abel? A pesar de que hace tantos siglos ahí está presente, como queriendo dar un aviso de lo que no debemos hacer. No es muy buena época la que atravesamos para que las personas sientan temor de Dios.

Hoy es muy corriente escuchar en la tele crímenes entre padres, hijos, hermanos, y sobre todo de maridos celosos que se sienten más hombres martirizando a su pareja. Así que entre los celos y la envidia nos vamos a quedar muy claros en el mundo. (Tan claros como el Papa).

Si nos dedicamos a los celos de amores habrá que prepararse porque los hay para todos los gustos. Se suele decir que los celos los da el cariño, pero también dicen que hay cariños que matan. Al hombre celoso hay que estudiarlo bien y enterarse de lo que es capaz de hacer, si la novia está muy enamorada y segura que lo quiere tal como es, pues que se case, “ya se enterará de lo que vale un peine”, le echará en cara las veces que va a la peluquería y que se pinta mucho para ir al mercado. ¡Ese traje, no creo que sea el más indicado para ir al médico!, ¿o es que te gusta ponerlo nervioso? Esta semana se acabaron las reuniones con tus amistades... Y así un día y otro hasta que se acostumbra a ser una extraña en su propia casa.

Los celos de las mujeres son un tormento para toda la familia. Si el marido tiene un horario fijo para el trabajo, para la comida, para acostarse y levantarse, naturalmente para llegar a casa, tiene que llegar puntual, de lo contrario su mujer ya está haciendo preguntas a diestro y siniestro. ¿Qué pasa hoy? ¿Es que tienes que estar hablando con ese tío siempre? o ¿es que con quien hablas es con una mujer? ¿Por qué te has puesto hoy ese traje que te estuve planchando ayer? ?¿esa corbata no es la que te pusiste esta mañana... Naturalmente al marido no le da tiempo contestar a tantas cosas y no habla nada, así que se va al trabajo sin comer.

Hay personas que tienen celos hasta de quien las está criticando, cuántas veces he oído decir: Esa tiene un don de palabra que convence a cualquiera de lo que está diciendo. O sea, que la están criticando y en vez de darle rabia por lo que están diciendo de ella, siente celos del don de palabra que tiene quien la está criticando.

Tenemos celos de tantas cosas que no podemos olvidar a las vecinas pudientes que cambian de coche con facilidad y hacen arreglos en el piso con frecuencia, entonces la vecina menos pudiente está preparada para ver los defectos: ¡el coche que se ha comprado la vecina es del año de la polka!, ¿y el arreglo que le ha hecho al piso?, ¡pues lo ha dejado peor que estaba!

martes, 16 de abril de 2013

Poderoso caballero es don dinero


Autora: Rafaela Castro

     Siempre fue celoso de su intimidad, y no era una persona extrovertida, sino más bien reservado. Algunas personas lo calificaban de ser un poquillo raro. A este individuo llamado Eliseo, no le iban las cosas mal. Terminó sus estudios de informática y tuvo suerte, ya que con ayuda de las becas y de sus padres, consiguió terminarlos. No tardó mucho en encontrar un buen trabajo. Aún no tenía los 30 cuando decidió casarse con su novia de toda la vida, Juana. Ella no tenía terminados sus estudios de asistenta social. Al principio, decidieron no tener hijos  y así ella podría terminar sus estudios. Como la mayoría de españoles, se hicieron con un hermoso piso, pero también con una hermosa hipoteca.

            En los inicios, todo iba de maravilla. Pero llegó esa palabra que la mayoría odiamos, la crisis. En la empresa de Eliseo hubo un reajuste de personal, y fue uno de los despedidos.
Cuando eran novios, demostró ser muy posesivo, y por cualquier motivo montaba el numerito. Pero Juana tenía la esperanza de que con el tiempo se le pasara, pero no fue así. Con el tiempo la cosa se acrecentó y él se sentía feliz cuando se marchaba a trabajar y ella se quedaba sola en casa dedicada a los que quehaceres diarios de la casa y estudiando.

          Al llegar los problemas económicos, Juana le propuso a su marido buscar un trabajillo y alternarlo con los estudios. Eliseo al principio se opuso, diciendo que el que estaba obligado a llevar un sueldo a casa era él. Los pagos de teléfono, luz, agua, hipoteca, etc… se amontonaban. Un día, Juana le comentó a su marido que una de sus amigas le había propuesto que trabajara con unos ancianos que ella conocía, y estaba segura de que le pagarían muy bien. Juana le dijo:-”Y aunque te lo estoy contando, me da igual lo que opines, porque estoy dispuesta a trabajar en lo que sea, así no podemos seguir”. Él se tragó su orgullo y aceptó. Es lo que tocaba.  Al poco tiempo, las cosas iban cambiando, y todos los pagos se pusieron al día, incluso ahorraban algo.

            Un día, un amigo le dijo a Eliseo:-”No sabes lo que me alegro que os vaya bien, hay cosas que saltan a la vista. Lo que me extraña es que te hayas vuelto tan permisivo, aquí nos conocemos todos, y las habladurías no paran con respecto al trabajo de tu mujer. Dicen que lo de los ancianos, nada de nada.” A lo que Eliseo respondió:-”La gente es mala y envidiosa. ¿Tú crees que siendo como yo soy, iba a consentir semejante barbaridad?”. El amigo, asintiendo, contestó:-”Creo que tienes razón”. Cuando Eliseo se quedó solo, con sarcasmo e ironía, exclamó casi en voz alta a la vez que sonreía:-”¡La hipoteca hay que pagarla ,al igual que los demás gastos! Dicen que los celos son una enfermedad, ¡bien, pues a mí, como por arte de magia, me han desaparecido!

            Don Dinero hace milagros.