viernes, 11 de mayo de 2012

El fino hilo de la vida

Autor: Antonio Pérez

Andando por el fino hilo de la vida, me caí, ¡Vaya por dios! En un charco de gorrinos a parar fui. Lleno de un ejército de animales de bellota, pero no de pata negra, traspasé el rubicón. El ejército de políticos los hacían llamar.

Tras ardua pelea como siempre ganaron y a mí me tocó hornear. Ahora recluido en un palacio frío y lóbrego con una cama de oro, una pica de plata con orinal de mármol y unos barrotes del acero más elegante del mercado. ¡Ah! Y un ventanal con fenómenas vistas hacia la libertad.

En dos días salí, gracias a la gentileza soberana de ¡España! Qué buena que está…

¿Cuántas veces sin resistencia me dejara violarla?

Hoy amigos nuevos llegué hacer, soy rico en amistades, ¡Qué feliz me siento!

Mi amigo me contrató para trabajar. Me dijo que era básicamente para mirar debajo de las faldas y agarrar lo que pueda y le pregunté yo:…

¿Banquero eso cómo se hace?

Simple, invierte en nosotros y te daré más dinero, pide un dinero para alguna empresa y los dos por intermediarios algo nos llevaremos y si podemos convencer para que la jubilada del 5º se anime, que tiene dónde agarrar… ¿Una boda de conveniencia?

Marchando para casa lo medité. Hay tanto ajetreo por las calles, son como bulldogs con aptitud de burros y complejo de pingüinos. Si, si, la gente con caras largas de decepción (¿tan mal estarán en la cama por las noches?), con aptitud de ir para adelante como los de Alicante, chocándose unos con otros y haciendo el gesto de la niña del exorcista girando el cuello misteriosamente demasiado y mirando penetrantemente, ¡Vamos, que te desvirgan los ojos aunque no quieras!

El complejo de pingüino es simple porque van con la espalda y hombros decaídos como con chepa por el increíble peso de sus radiadores faciales, con brazos estirados y caídos por las joyas de piedra que ostentan, dando pequeños pasos, mirando en los cruces de izquierda a derecha y viceversa, dependiendo de la ideología política.

Mira una oferta de trabajo en la piruleta iluminaria…

Se busca gandul profesional con experiencia en hacer huecos de glúteos en el sofá para cobrar una paga administrativa y quitársela a la incapacitada del 2º. Esta oferta tiene que estar llena de curriculums, mejor me busco otra cosa a mi medida. Quizás una paga, me hago el loco y me la dan seguro, solo con fingir un poco.
O vender cupones eso estaría bien, aunque… vender… buff mucho trabajo. Mejor a alcalde, o político, ese es mi trabajo ideal.

jueves, 10 de mayo de 2012

Parodia nacional

Autora: Rafaela Castro Lucena

¡¡¡Ale que llegó un domingo más!!!
Desde la noche anterior la cosa está prepará: la sombrilla, la nevera, el flotador, los bocadillos, las toallas, el bronceador y el cubo pa los chiquillos.

Como solo tengo letras, me tengo que conformar con el domingo "pelao" pa poderme broncear.

Dispongo de un solo día y lo aprovecho muy bien, me pongo como un cangrejo de la cabeza a los pies.

Cuando decido volver y me meto en caravana, la cena me la ahorraré porque llegaré mañana.

En el interior del coche, mi mujer, suegra y chiquillos, todos están agotaos: mi "pompi" con agujetas y el motor recalentao.

Pa acabarlo de arreglar la pariente te echa en cara que nunca puedas llevarla un mes a la Costa Brava.

A consecuencia de todo siempre te pones muy triste y recuerdas y maldices hasta el día en que naciste.

¡¡¡ Por fin consigo llegar!!!
La espalda me duele mucho pues la tengo achicharrá, si se le ocurriese a alguien solo darme una palmá, seguro que le respondo pegándole una patá.

Como el roce escuece mucho, las relaciones se quitan hasta llegar el invierno y entonces te lo desquitas.... y si has ahorrado un dinerillo lo gastas en la cunita.

No quiero ser dominguero, lo digo de corazón, pues no tengo más remedio y tengo que entrara por tó.

Le suplico a San Pancracio, también se lo pido a Dios, si no este año el que viene, me precien con el cupón; y si esto me pasa a mí, yo el domingo no salgo ni con la guardia civil


Remedio casero

Autora: Rafaela Castro Lucena

Corrían los años 50. Yo tendría entonces unos siete años. Era propensa al dolor de oídos.

A mi madre le habían dicho que si había una persona que diera el pecho a su hijo, con unas gotas de leche en el oído se calmaba el dolor.  Alguien le dijo también que metiendo un trocito de  tocino en el oído iría soltando la grasilla y el dolor desaparecería. Mi madre se decantó por esto último.

Tenía una paletilla empezada y le vino muy bien. Me introdujo el tocino y me dio que me estuviera muy quietecita. No sé si fue sicológico o que verdaderamente me hizo efecto, el caso es que me quedé dormida. Cuando desperté aún no era de día, yo solo me acordé del dolor no del remedio que me aplicó, me llevé la mano al sitio dolorido. Entonces noté como un trozo de carne que se estaba desprendiendo. Me puse a gritar como una loca: – ¡mamá  corre, ven! Con razón me dolía, si tengo la oreja colgando, casi la tengo en la mano.


miércoles, 9 de mayo de 2012

Un poco de humor en lo cotidiano

Autora: Pilar Sanjuán Nájera

Esto que voy a contar es auténtico. Sucedió hace unos meses en Granada:

“Tomé un autobús en mi barrio para ir al centro y al rato entró en él un hombre rubio, como de unos cuarenta y cinco años, mastodóntico y con aspecto imponente, lo que aquí en España llamamos “un armario”, pero éste con tres cuerpos lo menos, bien cumplidos. Después de varios intentos y con cierto trabajo, consiguió sentares porque sus posaderas excedían con creces las dimensiones de asiento y le costó llegar hasta el fondo. A las pocas paradas, se levantó y se acercó a la puerta de salida, agarrándose a la barra pero sin tocar el timbre. _Como nadie pidió salir y tampoco había viajeros en la próxima parada, el conductor siguió adelante. Cuando el extranjero –pues bien claro se veía por sus aspecto que lo era- vio que el autobús no paraba, se puso a gritar en su idioma palabras que no entendíamos, pero que por su actitud y sus gesto airados, comprendimos que no eran amables precisamente. Las dirigía a la cabina del conductor. Este siguió impertérrito y el hombre-armario cada vez más irritado y ya amenazante, de fue acercando al conductor y le hizo señas de que parase el autobús. A todo esto, seguía sin tocar el timbre. El conductor, protegido como estaba entre cristales, que suponemos dobles y aún triples, no dio señales de amedrentarse y siguió su ruta con la mirada al frente, como si todo aquel barullo no tuviera nada que ver con él. El energúmeno, fuera de sí y echando chispas, la emprendió a puñadas contra los cristales mirando al conductor con ojos de loco y la cara rubicunda, Ninguna de estas furiosas manifestaciones conmovieron al impasible conductor. En esto llegó el autobús a una parada y la puerta se abrió. El enfadadísimo seños no hizo además de bajarse, por el contrario, siguió aporreando con más fuerza los cristales. Los viajeros que subían, miraban atemorizados al iracundo, picaban sus billetes y huían despavoridos al fondo del autobús. Todos estábamos bastante soliviantados, porque aquella furia viviente se estaba convirtiendo en un verdadero peligro. Lo que más de sacaba de quicio era la actitud impasible del conductor.

El Conductor cerró las puertas y siguió como si nada ocurriera. Entonces, el enojadísimo turista, se abrazó con todas sus fuerzas a esa especie de columna metálica donde está el dispositivo de picar lo billetes y emulando a Sansón lo arrancó de cuajo, separándolo del suelo, con idea de lanzarlo contra los cristales de la cabina. En ese momento, el autobús llegó a otra parada, se abrieron las puertas y el energúmeno, que estuvo a punto de sufrir un infarto a juzgar por su cara tumefacta, creyó cumplida su venganza y salió vociferando. Los viajeros que iban a entrar, al ver aquella especie de “Ángel Exterminador” de echaron atrás para dejarle paso. El, calle abajo, aún se volvió varias veces haciendo gestos iracundos. De toda esta escena, que tuvo mucho de apocalíptica y bastante de surrealista, lo que más me impactó fue lo imperturbable que permaneció el conductor. ¿Cómo es posible que su cara no delatara ni una emoción, ni un atisbo de nerviosismo? ¿Los prepara la Rover para sus incursiones en el barrio de Almanjáyar?

domingo, 29 de abril de 2012

Deshumanización

Autora: María Gutiérrez

Por lo general, la llegada de un bebé es para los padres una de las experiencias más profundas que pueden vivir. Con dicho acontecimiento, se contagia toda la familia, irradiando felicidad por el regalo que les ha hecho la vida y lo reciben de la manera más gozosa, llenos de ilusión y alegría. Siempre se ha dicho que es un regalo de Dios.

Desde tiempos remotos hay padres con mala suerte. El destino les tiene preparada una gran faena. Siempre ha habido gente cruel que se toma la libertad de manejar la vida de los demás. Este mundo, contaminado por esta gentuza carente de valores, toman sus propias decisiones, rompiendo el eslabón de una cadena, sacándolos de su entorno familiar como si fueran un paquete, despojándolos de su propia identidad, cortándoles las alas antes de poder echar a volar. La mayor alegría de tu vida, se convierte en tu mayor desgracia.

¿Cómo pueden tener la frialdad de engañar a unos padres diciéndoles que su bebé ha fallecido para así poder entregarlos otros padres a cambio de dinero? ¿Dónde está la dignidad humana?.
Utilizar a hijos de familias que tanto los deseaban, como un derecho de propiedad, un negocio bien rentable, niños a la carta, aquí y ahora…ya…. Una trama de inhumanos bien organizada y todo, por interés material.

La mayoría de las familias se pasan el resto de su vida preguntándose que habría sido de su bebé…porque saben que fue robado a sangre fría y vendido como si fuera un cachorro, pero claro, humano.
Para los amorales y sin corazón, ellos son sólo una simple mercancía que va de mano en mano, aportando grandes beneficios y ningún remordimiento ni escalofríos.
¿Qué síndrome es éste?